Como dice el famoso aforismo: «cuando el río suena, agua lleva». Y esto es un poco lo que me ha pasado a mi cuando empecé a oir acerca de Agile, Scrum, y otros términos como el «Thinking out of the box»; que empezaban a aparecer en numerosos artículos y a integrarse en el día a día de las grandes empresas. Para un eterno aprendiz -como yo me considero-, fué como una invitación a abrir una nueva puerta, que sin duda, ha supuesto un gran descubrimiento.

Agile es una filosofía que supone un nuevo marco de trabajo en las organizaciones, donde prima la rapidez, flexibilidad y adaptabilidad.

Hace ya casi 20 años, se juntaron unos cuantos gurús del desarrollo de software en Utah (USA), para firmar un manifiesto en el que proponían un nuevo marco de trabajo, que supondría un antes y un después; no solo en el mundo del software, sino en el ámbito del management actual. No en vano, esta metodología Agile ha sido adoptada por un gran número de grandes empresas a nivel mundial, y sin ir más lejos, en España tenemos ejemplos muy conocidos como el de Telefónica o BBVA.

Pero a ver, primero lo primero: ¿qué es eso de empresas Ágiles?

Agile es una filosofía que supone un nuevo marco de trabajo, donde prima la rapidez, flexibilidad y adaptabilidad. Por tanto no solo estamos ante una nueva forma de trabajar y organizarse, sino de un cambio de mentalidad. Los proyectos se «dividen» en pequeñas partes o «sprints» de forma que se vayan cubriendo los requerimientos de los clientes, adaptándose a sus prioridades y de la forma más eficiente posible. Vamos, lo que se llama en mi pueblo «comerse el marrano por partes».

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Ahora que se habla tanto de la transformación digital, sin duda esta nueva forma de pensar y actuar, va de la mano de conseguir una organización más eficiente y preparada para los retos que están por llegar. Ya que, entre sus principales ventajas está la reducción de riesgos, mejora de la productividad y calidad del producto/servicio, y por ende, una mayor satisfacción del cliente.

Por otra parte, en lo que se refiere a la gestión y desarrollo de personas, esta nueva de trabajar en equipos semiautónomos, mejora enormemente la comunicación y relación entre sus integrantes, consiguiendo un mayor grado de compromiso y motivación. Y aquí es donde cobra sentido el otro término que mencionábamos al principio, que es Scrum.

Por resumirlo de forma breve, -ya que Scrum da per se como para otro artículo que seguro me atreveré a escribir pronto-, es un marco de trabajo basado en un conjunto de buenas prácticas en la ejecución de proyectos, que se desarrollan de forma colaborativa en el seno de equipos de alto rendimiento.

Entre sus principales valores se encuentran los que aparecen en el gráfico bajo estas líneas, que por su traducción al castellano serían: coraje, foco, compromiso, respeto y transparencia. Si se puede resumir el marco Scrum en solo dos palabras, estas son iterativo e incremental. Ya que los proyectos de dividen en ciclos temporales cortos y de iteraciones que proporcionan resultados completos, que van incrementando hasta completar el producto final requerido por el cliente.

scrum

Pero si tuviera que elegir un concepto sobre el que en mi opinión pivota toda la filosofía Agile, sería el de «Thinking out of the box» o pensamiento creativo. Ya que en cierto modo es una invitacíon a repensar la forma en la que se venían haciendo las cosas hasta ahora, especialmente en la gestión de proyectos. Un nuevo marco de trabajo en el que las empresas consiguen ser más Ágiles y ligeras, adaptándose a los cambios y retroalimentándose de las experiencias con un espíritu de mejora contínua.