Las construcciones eficientes ya no son una opción

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Decía el famoso científico americano Guy McPherson: “Si realmente crees que el medio ambiente es menos importante que la economía, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”. Y yo creo que esta frase, resume muy bien lo que pasa actualmente en nuestra sociedad, y en particular en el sector de la construcción. Tenemos más información que nunca, en lo referente al impacto medioambiental que supone nuestra actividad; y de cómo invirtiendo en construcciones más eficientes, podemos ahorrar hasta un 70 % más; pero no terminamos de concienciarnos.

Muchas veces necesitamos que alguien nos lo recuerde de forma un poco más alarmante, para que tomemos conciencia realmente y saquemos conclusiones al respecto. Y esto ha sido lo que me pasó a mi hace unas semanas en un congreso al que asistí en Málaga, en el cual se dieron cita algunas de las empresas constructoras más potentes del país, de la talla de Neinor Homes, Aedas Homes o Vía Célere, -solo por citar algunas de las más importantes-. Afirmaban que se prevé que se construyan en España unas 150.000 viviendas al año de obra nueva durante los tres próximos años; con el consiguiente consumo de recursos que eso supone.

Además se dieron datos tan relevantes, como que actualmente estamos unos 7.500 millones de personas habitando el planeta, y que se espera que seamos sobre 9.500 millones para el año 2050. O que solo el 3,5% del total de agua existente en el mundo es dulce, y si quitamos la que hay congelada en los polos -que es un 2,5% aproximadamente-, solo nos quedaría un 0,5% apta para el consumo humano. Y así podría citar un sinfín más de cifras, que como digo no me dejaron indiferente; y en definitiva, dejaban claro que los recursos naturales del planeta se agotan, y que la eficiencia energética en las construcciones ya no es una opción.

REcycle

Hace unos meses publicábamos un artículo sobre las viviendas PassiveHouse o casas pasivas, como ejemplo de viviendas energéticamente eficientes; y veíamos como incrementando solo un 10% la inversión en su construcción -en base a lo que este estandar implica-, dicha inversión se recuperaba para el séptimo año; y a partir de ahí, los beneficios se multiplicában por 20 veces a lo largo de 50 años. Estamos hablando de inversión en mejoras de elementos constructivos tales como ventanas de triple acristalamiento, marcos altamente aislantes y otros relacionados con las instalaciones.

También abordábamos esta temática, en este otro artículo sobre el Certificado de Eficiencia Energética, como herramienta de la que disponemos los consumidores a la hora de adquirir una vivienda, ya que a través del mismo, podemos conocer como se califica energéticamente ese inmueble, en base al cálculo del consumo anual de energía del edificio en unas condiciones estándar de ocupación y funcionamiento. Para ello se tienen en cuenta factores como la producción de agua caliente, iluminación, calefacción, refrigeración, aislamientos, carpinterías, etc.

Sin embargo, el tema que realmente motiva la redacción de este artículo, es la utilización de recursos naturales de manera sostenible en las construcciones. Y esto es algo que tiene más que ver con lo que se conoce como Economía Circular o de las 3R’s (reducir, reciclar y reutilizar). Por dar un dato revelador en ese sentido, cada uno de nosotros genera un volumen de 1,3 Kg de residuos al día, lo que supone unos 500 Kg al año. Así como una emisión de 11 toneladas de gases de efecto invernadero, ya sea por el consumo de energía, uso de equipos eléctricos o de medios de transporte.

Y si extrapolamos este criterio a la construcción de edificios, mientras en una construcción “normal” se consumen aproximadamente entre un 20% y un 50% de recursos naturales; en una construcción sostenible, no se genera apenas un impacto negativo al medio ambiente, y sin embargo, se favorece el ahorro energético. Siendo también esencial el uso de materiales de buena calidad -y por ende de mayor durabilidad-, para evitar una sustitución temprana y la generación de recursos y emisiones innecesarias.

Bombilla

Por tanto, grosso modo, parece que la solución pasa por un uso responsable de los materiales en las construcciones, a través de una correcta planificación del empleo de las materias primas necesarias, así como la reutilización de recursos que sean reciclables y renovables. Y como consumidores de viviendas, debemos tener en cuenta los criterios de eficiencia energética, por nuestro propio interés -debido al ahorro económico que ello supone-; pero también por aportar nuestro granito de arena en esa lucha que nos compete a todos, que es la de la sostenibilidad del planeta. Al menos ese debería ser nuestro legado y nuestro compromiso con las generaciones venideras.

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